@soykevinenriquez Escribirme

Matrícula de la Universidad del Barro

No te vendo la vida de un millonario en Dubái.

Te muestro cómo trabajo desde el mostrador de una quiniela.

Tengo 23 años, vivo con mis viejos en Magdalena y un par de tardes por semana cobro boletas de lotería. El resto del tiempo construyo sistemas que siguen funcionando cuando no los estoy mirando. Acá está lo que hice, lo que me costó y lo que aprendí — sin prometerte que vos vas a ganar plata.

Leer el Mapa de las Cicatrices

Gratis, sin dejar tu mail. El auto que vendí y los USD 3.000 que perdí.

Kevin cargando una jugada en la terminal de la agencia de lotería Villa Garibaldi.

Mi semana, sin redondear

N° 0001 · 2026

LMMJVSD

El jueves es por medio. El mostrador no vale por las horas, vale por el lugar donde te para.

Vendiendo azar
0 h
Construyendo
0 días

N° 01 · Inicios

De dónde salgo

La terminal de la quiniela, con la calle al fondo por el ventanal.
La pantalla de Mercado Pago de Kevin, con el saldo en cero pesos.

Soy Kevin. Vivo en Magdalena, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, y sigo viviendo en la casa de mis viejos. Mi viejo trabaja de penitenciario y mi vieja es ama de casa. En mi familia nunca sobró nada, y por eso ese Fiat Uno que me regalaron a los 18 no era un auto: era el esfuerzo de ellos, estacionado en la puerta.

No tengo un Ferrari ni vivo en un ático. Lo que tengo es un mostrador desde donde veo, todas las semanas, a gente comprando suerte. Ese es el lugar desde el que escribo todo lo que sigue.

Edad
23
Dónde
Magdalena
Mostrador
Lun y mié, 16 a 21
Clientes
Uno fijo y dos probando

La trinchera

Tus cicatrices son tu mayor activo

Estas son las mías, en orden.

  1. N° 01 · El sacrificio · Fines de 2022

    Vendí el auto que me regalaron

    Con esa plata, más USD 1.500 que le pedí prestados a mi papá, pagué mi primer curso de marketing digital. No gasté todo lo del auto: con lo que quedó le devolví a mi viejo hasta el último peso. Mi familia no lo entendió, y durante un buen tiempo yo tampoco estuve seguro.

    Kevin al volante del Fiat Uno blanco, con la puerta abierta, de noche.
  2. N° 02 · La caída · USD 3.000

    Los perdí enteros, sin ganar un centavo

    Probando modelos de negocio equivocados. Tuve miedo. Lo que no hice fue dejar de trabajar: seguí atendiendo los turnos de una cancha de fútbol 5, después de una de pickleball, y hoy estoy en el mostrador de la agencia. Lunes y miércoles de 16 a 21, y jueves por medio.

    Kevin de pie cargando una jugada en la terminal, con el pizarrón de números detrás.
  3. Una laptop con código abierto sobre el mostrador de la agencia, entre boletas de quiniela.

    N° 03 · El búnker

    El dinero es consecuencia de lo que sabés hacer

    No de la suerte. En los cuatro días y medio que me deja libres el mostrador construí Cygnus IA y Cancheria.

El juego de la coherencia

Antes y ahora

Antes

  • Tres años de arquitectura sin saber para qué los estaba haciendo.
  • Cada peso que ganaba se me iba el fin de semana.
  • Esperando que algo me cambiara la vida de golpe.
  • Se me temblaba la voz en cada llamada.

Ahora

  • Dos productos de software que existen y que podés abrir hoy.
  • Un año sin tomar y entrenando dos veces por día.
  • Armando sistemas que siguen funcionando cuando no los miro.
  • Contando el proceso con la cara, sin filtro y sin haber llegado.

Cómo pienso todo esto

Azar
contra
sistemas

Todo lo que hago sale de una sola idea, y la veo funcionar desde los dos lados del mostrador.

Kevin señalando el pizarrón de cabezas semanales de la agencia, con los números ganadores de cada sorteo.

El mostrador no vale por las horas, vale por dónde te para

Un par de tardes por semana veo gente pagar por una probabilidad. No hay otro lugar donde puedas mirar de tan cerca cómo funciona la esperanza de que te toque. Eso no lo aprendés en un curso.

La plata no te falta. Te falta el tamaño para aguantarla

Y la prueba la veo todas las semanas: el que gana en la quiniela no vuelve nunca, el que pierde vuelve todos los días. El premio no cambia a nadie. El vaso, sí.

Un sistema es lo que pasa igual el martes que el domingo

Nadie compra sistemas: todos compran suerte. Por eso los sistemas están baratos, y por eso me dedico a construirlos para negocios que hoy apuestan a acordarse de todo.

N° 02 · Empresas

Tres cosas, según dónde estés parado

Las tres salieron del mismo lugar. Cambia a quién le sirve cada una.

Si tenés un empleo y dos horas por noche

El Fiat Uno

Llegás cansado del trabajo, tenés dos horas y se te van en decidir por dónde empezar. Esto es lo que uso para que eso no me pase. Lo armé con lo que me quedó del auto que vendí, y es lo mismo que abro yo todos los días.

Ver qué hay adentro

Si tenés una clínica y se te caen los turnos

Cygnus IA

“Una agenda sin sistema es una quiniela con la plata de tu clínica.”

Cuando alguien te cancela un turno de USD 350, le escribo por WhatsApp a la lista de espera y el hueco se llena en 22 segundos. También a las tres de la mañana. Si en 30 días no te recupero 5 turnos de esos, te devuelvo todo.

Auditar mi clínica gratis

Si manejás un club con un cuaderno

Cancheria

“El cuaderno de turnos de un club es una quiniela: apostás a que te vas a acordar.”

Tu club con su propia página para reservar cancha, donde el que juega no paga ni un peso de comisión. Contesta los mensajes de noche y lleva la cuenta del buffet. Lo probás 14 días sin poner tarjeta.

Probar 14 días gratis

Antes de irte

¿Algo de esto te suena?

Marcá lo que te pase. Nadie ve esto más que vos.

N° 03 · El propósito

¿Cuál es el propósito de todo esto?

Kevin con su papá, su mamá y su hermana, parados al lado del Fiat Uno blanco.

Mi familia

Mi viejo entra a un penal a trabajar y mi vieja lleva la casa. Nunca sobró nada, y aun así a los 18 me pusieron un auto en la puerta. Ese Fiat Uno no era un auto: era el esfuerzo de ellos, estacionado.

Lo vendí. Y el día que dejé de perseguir la plata y empecé a construir cosas que funcionan solas, lo hice para que un día lo que les pase a ellos no dependa de que alguien tenga suerte.

El interior de la agencia visto desde adentro, con la ventana de atención abierta a la calle.

El que está del otro lado

Un par de tardes por semana veo pasar a la misma gente comprando una probabilidad. Los conozco por el nombre. No están jugando por diversión: están esperando que algo de afuera les cambie la semana.

No quiero convencer a nadie de que deje de jugar. Quiero que alguno de los que están en esa cola vea que hay otra cosa que se puede hacer con dos horas por noche, y que lo escuche de alguien que todavía está atendiendo del otro lado del vidrio.

La única apuesta perdida es la que no te animás a hacer sobre tus propias habilidades

Contacto

¿Querés mandarme un mensaje?

Contesto los mensajes yo. Si algo de esto no se entiende, o querés contarme dónde estás parado, escribime y decime qué parte.

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