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Matrícula de la Universidad del Barro

El Mapa de las Cicatrices

Cómo pasé de gastarme el sueldo los fines de semana y cobrar boletas en una quiniela a construir dos productos de software.

Tengo 23 años, vivo con mis viejos y un par de tardes por semana vendo azar en una quiniela. No soy millonario. Pero decidí que lo que nos pase a mi familia y a mí no dependa de la suerte de un boleto. Esto es lo que me costó USD 3.000 y el auto que me regalaron mis viejos aprender.

Si buscás la fórmula para hacerte millonario en 48 horas sin esforzarte, cerrá esta página. No la tengo. Si estás cansado de sentirte estancado, esto te va a servir.

Mi semana, sin redondear

N° 2026

LMMJVSD
12 h vendiendo azar 4 días y medio construyendo sistemas

El jueves es por medio. El mostrador no vale por las horas, vale por el lugar donde te para.

Quién te habla

Soy Kevin. Vivo en Magdalena, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, y sigo viviendo en la casa de mis viejos. Mi viejo trabaja de penitenciario y mi vieja es ama de casa. En mi familia nunca sobró nada, y por eso ese Fiat Uno que me regalaron a los 18 no era un auto: era el esfuerzo de ellos, estacionado en la puerta.

No tengo un Ferrari ni vivo en un ático. Lo que tengo es un mostrador desde donde veo, todas las semanas, a gente comprando suerte. Ese es el lugar desde el que escribo todo lo que sigue.

N° 01 · Las tres cosas que pagué

Elegí por dónde empezar

El precio real de mi educación

Antes del auto hice lo que hace todo el mundo. Me metí en arquitectura y estuve tres años estudiando algo que no sabía si me gustaba, por cumplir. Trabajaba en una cancha de fútbol 5 y cada peso que ganaba se me iba el fin de semana. Hubo una noche en la que toqué fondo de verdad, y no la voy a adornar acá para que quede linda.

Lo que me cambió la cabeza no fue una frase motivacional ni un video de YouTube. Fue mirar a mis viejos un día cualquiera y ver el desgaste que tenían encima por habernos dado todo a mi hermana y a mí. Ahí entendí que si no cambiaba lo que sabía hacer, me quedaba ahí para siempre.

Entonces tomé la decisión que mi familia no entendió: vendí el Fiat Uno. Con esa plata, más USD 1.500 que le pedí prestados a mi papá, pagué mi primer curso de marketing digital. No gasté todo lo del auto, y con lo que quedó le devolví a mi viejo hasta el último peso.

¿El resultado inmediato? Cero. Perdí más de USD 3.000 probando modelos de negocio equivocados, sin ganar un solo centavo. Me temblaba la voz en cada llamada y dudé mil veces.

Cualquiera con un canal te diría que oculte esto. Yo te lo muestro. Esa plata no se perdió: fue la matrícula de entrada al mundo real de los negocios.

“El dinero regresa. El tiempo que pasás siendo reemplazable, no.”

Lo que vendí

Un auto regalado

Lo que pedí prestado

USD 1.500

Lo que perdí

USD 3.000

Lo que me llevó salir de ahí

Tres cosas que me costó años entender

Tu entorno decide más que tu fuerza de voluntad

No es que tus amigos sean malos. Es que si todas las conversaciones que tenés en la semana son sobre el fin de semana, tu cabeza no tiene de dónde agarrarse para pensar otra cosa. Yo tuve que buscarme gente que trabajaba, y te juro que al principio me costaba estar ahí.

Bajar el ego y hacer caso

El error más caro que cometí a los 19 fue creer que las sabía todas. Cuando encontré a alguien que ya había hecho lo que yo quería hacer, seguí las instrucciones al pie de la letra, sin opinar y sin mejorarlas. Recién ahí empezó a moverse algo.

Dejar de perseguir el dinero

Cuando lo perseguís, huye. Cuando te obsesionás con resolverle un problema concreto a alguien y con volverte difícil de reemplazar, deja de ser el tema de todos los días. No es magia: es que cambiás la pregunta.

El juego de la coherencia

Antes y ahora

Antes

  • Tres años de arquitectura sin saber para qué los estaba haciendo.
  • Cada peso que ganaba en la cancha se me iba el fin de semana.
  • Esperando que algo me cambiara la vida de golpe.
  • Se me temblaba la voz en cada llamada.

Ahora

  • Dos productos de software que existen y que podés abrir hoy.
  • Un año sin tomar y entrenando dos veces por día.
  • Armando sistemas que siguen funcionando cuando no los estoy mirando.
  • Contando el proceso con la cara, sin filtro y sin haber llegado.

N° 02 · Dónde estoy ahora

Las dos cosas que estoy construyendo con eso

“Una agenda sin sistema es una quiniela con la plata de tu clínica.”

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Sistema de Blindaje de Agenda

Una IA que detecta la cancelación de un turno de USD 350 en tu clínica y lo reagenda por WhatsApp en 22 segundos, antes de que el hueco se enfríe.

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“El cuaderno de turnos de un club es una quiniela: apostás a que te vas a acordar.”

SaaS · Clubes deportivos

El ecosistema libre de comisiones

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N° 03 · Si estás donde estaba yo

Tenés un empleo y dos horas por noche.

Yo también. Lo que junté en estos años son las automatizaciones que podés dejar corriendo mientras estás en el trabajo, explicadas para alguien que no programa. No es un curso ni una promesa: es la caja de herramientas que uso, ordenada.

Si querés seguir por donde seguí yo

El Fiat Uno

El motor de enfoque e IA que armé con lo que me dejó el auto que vendí. Es el mismo que abro yo todos los días.

Ver qué hay adentro

Si algo de este Mapa no se entiende, escribime por mensaje y decime qué bloque. Lo estoy arreglando con lo que me van diciendo.

Si algo de esto te sirvió, el sistema con el que trabajo está acá.

Verlo